Trastorno Depresivo mayor


El trastorno depresivo mayor es una enfermedad, aunque algunas personas creen que se trata de una forma de enfocar las situaciones cotidianas y que se puede solucionar con tener fuerza de voluntad. Por tanto, al igual que en otras enfermedades, se debe saber cómo reconocer una depresión y el control que se tiene que realizar.

 Tiene una prevalencia anual del 5% de la población. Hay que tener en cuenta, que puede coexistir con otros trastornos mentales como:

Existen factores que incrementan el riesgo de padecer un trastorno depresivo, como:

¿ Cuándo se considera que un paciente padece una depresión?

La dificultad que presenta el realizar el diagnóstico de episodio depresivo, se debe a que la mayoría de los pacientes acuden a la consulta de Atención Primaria con quejas físicas propias de la depresión, síntomas inespecíficos (cefalea, nudo en la garganta, etc.) o síntomas de otra enfermedad concomitante. A pesar de ello, con alta frecuencia, se realiza el diagnóstico y manejo de este trastorno.

Si  se sospechara una depresión, ya fuera porque el propio paciente refiere pérdida de interés o tristeza, o por los signos apreciables en su rostro, se realizará una anamnesis dirigida acerca de la presencia durante al menos dos semanas, de los siguientes síntomas típicos:

En ocasiones estos síntomas pueden encontrarse enmascarados y el paciente acude con múltiples quejas físicas como dolores musculares, indigestiones, cefaleas crónicas, etc. Es importante tenerlo en cuenta, para realizar una buena anamnesis y realizar un diagnóstico correcto, y así evitar la utilización de múltiples fármacos que no le van a mejorar su sintomatología. También, se debe indagar sobre la presencia de síntomas psicóticos como alucinaciones, escucha de voces que le dicen que le van a matar, etc.

Pueden ser de ayuda las distintas subescalas de la depresión como el cuestionario de Beck o la escala de Hamilton.

Además, se realizará una exploración física y neurológica para descartar o confirmar una enfermedad médica asociada al episodio depresivo y se preguntará sobre el consumo de sustancias o fármacos que pudieran producir sintomatología depresiva (ver tabla 1-2). Las pruebas complementarias iniciales serán un hemograma, iones y hormonas tiroideas.

 Si  presentara algún problema específico médico y existieran complicaciones o resistencia al tratamiento antidepresivo se completará el estudio con un control analítico de enzimas hepáticos, niveles séricos de B12 y ácido fólico, VSG y serología para sífilis y VIH. La realización de pruebas de neuroimagen (TAC, RNM) estará indicada ante la presencia de alguna alteración en la exploración neurológica, antecedente de traumatismo craneoencefálico o cefaleas.

¿Con qué otros cuadros se puede asociar un trastorno depresivo?

DEPRESIÓN Y SÍNDROME PREMENSTRUAL.

Se define como síndrome premenstrual, cuando presentan síntomas físicos o psíquicos durante los cinco días antes del período menstrual y desaparecen un día o dos días después de haber finalizado éste.

Los síntomas psicopatológicos incluidos en el diagnóstico de un episodio depresivo como los físicos (cefaleas, artralgias, mastodinia),  deben interferir con las actividades cotidianas. Afecta al 5 % de las mujeres con menstruación.

Se puede mejorar la sintomatología, si se instaura una serie de medidas higieno-dietéticas como: disminuir la ingesta de sal y azúcar a partir de la segunda mitad del ciclo, reducir el consumo de cafeína, comer comidas poco copiosas y de una forma frecuente, realizar ejercicio aeróbico, realizar una dieta equilibrada con una ingesta adecuada de calcio (1200mg/día que equivalen a tres vasos de leche), verduras y frutas. Si los síntomas fueran severos, se pueden instaurar distintas opciones terapéuticas, como los anticonceptivos hormonales, fármacos antidepresivos, y  en los casos más severos se debería interrumpir el ciclo mediante terapia hormonal.

DEPRESIÓN POSTPARTO.

La depresión postparto es una experiencia normal en muchas mujeres después del nacimiento de su hijo, que en un 90% de las ocasiones se resuelve sin tratamiento.

Suelen presentar síntomas como tristeza, llanto espontáneo, ansiedad, alteraciones del sueño, etc. durante los siete-diez días siguientes al parto. Aunque, normalmente esta sintomatología remite espontáneamente, mejoran clínicamente al realizar reposo y recibir apoyo por parte de su familia y amigos.

Pueden desarrollar, a las seis semanas e incluso al año del parto, síntomas similares a los especificados en el trastorno depresivo, en un 10% de los casos. También, se asocia a preocupación de forma obsesiva por la salud de su hijo, a realizar críticas sobre las habilidades de sus parientes o a mostrarse indiferente e imparcial sobre los cuidados que necesite su hijo. Si esta serie de síntomas duraran más de dos semanas, es necesario iniciar tratamiento farmacológico y psicoterapia (de la misma forma que en un episodio de depresión mayor).

Se debe comentar a la paciente, que existe un 50% de posibilidad de desarrollar otra depresión postparto en un siguiente embarazo.

BIBLIOGRAFÍA:

1. - Herrán A, Cuesta Núñez MJ, Vázquez-Barquero JL. Trastornos del estado de ánimo: Trastorno depresivo mayor. En: Vázquez- Barquero JL. Psiquiatría en Atención Primaria. Ed. Grupo Aula Médica S.A., 1998: 234-248.

2. - Rojo Moreno L, Livianos-Aldana L, Cervera-Martínez G, et al. Rearing style and depressive disorder in adulthood: a controlled study in a Spanish clinical sample. Arch Gen Psychiatry 1999 Dec; 56(12): 1109-15.

3. - Carney PA, Dietrich AJ, Eliassen MS, et al. Recognizing and managing depression in primary care: a standardized patient study. Br J Neurosurg 1999 Oct; 13(5): 480-5.

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